Capítulo 4:
Viento y oscuridad
(Claire)
Estaba en una sala rectangular enorme. Estaba nerviosa. ¡Tenía
poderes! ¡Dominaba el viento! ¡Era especial! ¡Y mi mejor amigo me va a enseñar!
No sabía expresar con palabras lo emocionada que estaba.
-Bien Claire empecemos- Gilbert extendió los brazos y un
montón de cuervos salieron de la nada envolviéndolo en un torbellino de alas
negras. Cuando los cuervos se dispersaron su aspecto había cambiado. Ahora
llevaba una chaqueta negra de cuello alto abierto que le llegaba hasta los
tobillos y parecía extenderse con el viento. Su camisa negra ahora era blanca y
ceñida, marcando su torso delgado ligeramente definido, con un dibujo de alas
de ángel negras en el centro. Sus vaqueros azul oscuro ahora eran pantalones
negros ajustados con cinturones cerrados para complementar. Ese conjunto le
daba un aspecto… cual sería la palabra exacta aparte de genial… igual que
visten los héroes de los animes… pues Gilbert estaba mejor. Estaba genial con
su conjunto de héroe de manga, y yo… con un pijama azul de gatitos amarillos…
dios que vergüenza. Entonces Gilbert se quitó la chaqueta y la me la lanzó. La
cogí al vuelo pero en cuanto la toqué se convirtió en otra bandada de cuervos
que me rodearon de la misma forma que a Gilbert. No veía nada, solo alas, picos
y las plumas negras que soltaban esos pajarracos. Cuando los cuervos dejaron de
girar alrededor de mí, volvieron con Gilbert transformándose otra vez en
chaqueta. Baje la mirada y… guau. Llevaba un traje ceñido como el de catwonan
pero azul oscuro y me llegaba hasta los hombros. Tenía dibujos de espirales de
un azul más claro, como si fueran dibujos de viento. Además llevaba como una
armadura metálica que me cubría los pechos, cintura, manos, cabeza (una
diadema) y hombros. Y encima tenía una capa de un azul clarísimo casi blanco
que me daba un aire más majestuoso. En resumen un traje digno de la elegida de
los vientos.
-Gilbert…esto es… guau.- no tenía palabras para
describir un conjunto tan guay como el que llevaba puesto. Iba así a una fiesta
de disfraces y se les cae la baba a todos.
- ¿Te gusta? lo diseñé yo mismo para ti- dijo
Gilbert apartando un poco la mirada debido a que estaba un poco sonrojado. No
había duda, Gilbert tenía un gusto exquisito para la moda.
-Siiii, me encanta- respondí riendo al ver que se
sonrojaba más
-Bu…bueno- dijo recuperando la compostura -pues este será el conjunto que utilizarás para luchar. Bastará con
desearlo para que aparezca y sustituya tu ropa actual. Ahora empecemos con la
primera lección.-
Gilbert me enseñó a dominar mi
elemento durante 2 horas, la primera fue de intentos fallidos y vuelos
involuntarios (mejor no preguntes, ya me caí de culo varias veces) pero al
final logré hacer algunos progresos. Ahora sabía crear brisas, huracanes
cortitos y lo que yo llamo “mini tornados”. Estaba decidida a hacerle volar por
los aires a Gilbert, literalmente, por reírse cada vez que salía volando por
culpa de un mini tornado que no pude controlar. Pero Gilbert era invencible.
Cualquier cosa que le lanzaras él la rechazaba con un movimiento de mano.
-Muy bien, creo que por hoy ya es suficiente- dijo mientras
rechazaba otros 3 mini tornados con toda la facilidad del mundo. Al oír eso me
dispuse a abandonar la sala cansada por las 2 horas de entrenamiento.
-Esto… ¿Dónde vas? He dicho que es suficiente magia por hoy. Ahora toca
el dominio del arma-
-¿QUEEEEE?- vamos, no me jodas. Tengo ganas de
derrumbarme en la camita y dormir durante días.
-Vamos, esto no será tan largo… espero- dijo mientras su mano se
envolvía de humo negro que se extendía formando una especie de espada negra con
inscripciones que no entendía, un rubí en el mango rodeado de dos alas negras. Aquella
arma desprendía un aura oscura que te hacía temblar ante una oscuridad tan pura
y poderosa. Suspirando volví a ponerme enfrente de él esperando sus lecciones.
Por favor que esta vez no sean tan duras.
-Ahora Claire tienes que concentrar tu poder en tu mano e imaginar un
objeto. Algo que puedas manejar con facilidad pero que sirva para defenderte y
derrotar a tus adversarios. Visualiza en tu mente todos los tipos de armas que
se te ocurran. Cuando des con la adecuada para ti, esta aparecerá sola.- no
entendía mucho lo que quería decir con eso pero obedecí y me concentré en
pensar cómo sería mi arma. Espada. Cadenas. Cuchillos. Tridente. Guadaña.
Sables. Hachas. Arco. Pistolas. Claymore. Lanzas… de pronto dos tornados
aparecieron en mi mano y se extendieron, cuando desaparecieron en su lugar
habían dos lanzas.
-Guau Claire. Tus armas son lanzas de viento, y encima son ocho- ¿ocho?
Solo tenía dos. Instintivamente me di la vuelta y vi que otras 6 lanzas
flotaban y apuntaban a mi espalda.
-Aaaaaaaaaah- mi grito
fue tan alto que Gilbert se sobresaltó pero empezó a descojonarse al verme
correr como una loca huyendo de las 6 lanzas que me seguían flotando detrás de
mí. Gilbert casi se ahoga de la risa que le provocaba aquella ridícula
persecución hasta que…
-Parus (hechizo de detenimiento
del tiempo)- Gilbert
chasqueó los dedos al pronunciar esas palabras extrañas acto seguido mi cuerpo
se detuvo completamente. No podía mover ni los ojos, solo podía pensar, y en lo
único que pensaba era que aquellas lanzas me iban a alcanzar. Pero aquellas
afiladas puntas no llegaron a tocar mi espalda, sino que se detuvieron
alrededor de mí flotando.
-Esas lanzas te persiguen porque son tus armas. Puedes controlarlas mentalmente
y con el viento. Estas lanzas obedecen tus órdenes. Así que deja de correr como
una loca y prepárate para la siguiente lección.- volvió a
chasquear los dedos deshaciendo el hechizo permitiendo que me moviera de nuevo
y empezamos con el entrenamiento de armas. Por suerte solo entrenamos durante
una hora porque Gilbert se dio cuenta de que estaba cansada del entrenamiento
anterior. Durante esa hora Gilbert me enseño a controlar mis lanzas y a
combinarlas con mis técnicas mágicas. Me explicó además que estas armas dotaban
al dueño una habilidad sobrehumana para usarlas, de hecho lo había notado
cuando practicando estocadas hice una voltereta hacia atrás que me sorprendió,
no sabía que podía tener tal habilidad. Me dijo que había que entrenar mucho
para mejorar esa habilidad y ser una autentica elegida del elemento del viento.
Una vez finalizado el entrenamiento me dejé caer al suelo reventada. Gilbert
tuvo que llevarme en brazos hasta mi habitación. En realidad podía andar pero
estaba demasiado vaga para ello, además ya que estoy cansada por su culpa, que
sea él quien me lleve.
Los días siguientes fueron menos
cansados. Gilbert decía que progresaba cada vez más rápido en los
entrenamientos. Llevaba ya dos semanas en el castillo. Ya me lo conocía a la
perfección. Las habitaciones, el comedor, la sala de entrenamiento, la sala de
estar, el ascensor que parecía un campo de futbol, los baño que parecían un spa
con todo tipo de lujos y masajes (allí era donde holgazaneaba cuando quería
relajarme), la biblioteca con la historia de todas las Órdenes que hubo desde
la primera hace no sé cuántos siglos. La verdad últimamente me había a
aficionado a estar allí en mis ratos libres leyendo sobre mis antepasados. La
verdad me costaba creer que mi primer “yo”, por así decirlo, había sido hombre,
la mayoría de mis antepasados habían también sido hombres. Gilbert decía que
eso era normal puesto que el alma no tiene sexo y siempre elige al cuerpo más
apropiado para esta. Gilbert bromeaba diciendo que la verdad era que yo era un
poco marimacho, yo cada vez que oía eso le daba un puñetazo en el hombro y me
enfadaba con él de nuevo. Además de la biblioteca existía una zona en el
castillo que por alguna razón Gilbert cerró con una barrera de oscuridad
precisamente para que yo no entrara, no se trataba de cosas vergonzosas, esas
estaban en su habitación, que también estaba cerrada pero alguna vez logré
colarme, y que risa… Gilbert casi me mata, pero en fin; al parecer fuera lo que
fuera que había en aquella zona restringida no era agradable, y lo notaba al
ver la expresión que Gilbert usaba al referirse a ese lugar. Pero no solo
estaba en el castillo, los fines de semana volvíamos a la tierra para ver a la
familia y amigos. Gilbert habló con mis padres, que por cierto ya sabían que tenía
poderes, no sabía cómo… ah vale ya se: recuerdo que en mi último cumpleaños
cuando me toco soplar las velas, después de soplar me di cuenta de que la tarta
estaba en las caras de todos los invitados; así que no pusieron objeción a que
me quedara en el castillo con él entrenando (siempre habían tenido mucha
confianza en Gilbert, no sé porque) e incluso hablaron con el instituto
diciendo que estaba en el hospital y que no sabían cuando le darían el alta.
Respecto a nuestros amigos, les decíamos que tenía que salir a que me diera el
aire. Pero luego el lunes nos tocaba volver a la torre del reloj, bueno
teníamos que “volar” puesto que la gema del portal estaba en el tejado.
Teníamos que ir de noche para que no nos vieran los humanos. Yo que dominaba el
viento, no me costaba volar, pero no sé qué era lo que hacía Gilbert
exactamente para llegar allí antes que yo. Siempre decía que me esperaba y
desaparecía en la oscuridad. Algunas veces me pareció ver algo negro moverse
rápidamente por el cielo, e incluso una vez me cayó algo parecido a… una pluma
negra mientras volaba. Luego entrabamos mediante un hechizo que él me enseñó
para abrir la puerta y seguíamos con las clases.
Un día me desperté muy animada.
Ayer había terminado la última clase de entrenamiento con Gilbert. A partir de
ahora entrenaría por mí misma y por fin podría volver a la tierra y ayudar a
Gilbert en sus “misiones” de búsqueda de elegidos y de exterminación de
demonios. Gilbert me contó una vez que había conocido a un Opast de clase
general diferente a los demás durante su entrenamiento en Umbría, el mundo
oscuro. Me contó que se fue a investigar solo el castillo del rey demonio para
ayudar a sus maestros Erick (rey de los vampiros) y Amelia (reina de las
hermosas brujas aladas) que eran la resistencia contra la tiranía cruel de los
demonios. Me dijo que durante su investigación lo descubrieron y lo encerraron,
fue allí donde conoció a Luka Zesshadow, era el heredero al trono demoniaco
pero no era cruel y malvado como tenía que ser un demonio y eso enfureció a su
padre repudiándolo y encerrándolo en el calabozo hasta que recapacitara y
decidiera ser como su padre: cruel y despiadado. Lo conoció cuando tenía 15
años y Luka iba a cumplir los 17 así que no tardaron mucho en hacerse buenos
amigos, ya que tenían más cosas en común de lo que parecía. Acabaron planeando
una fuga que dio resultado y lograron escapar del castillo. Luka solo pensaba
ayudarlo a escapar puesto que no tenía a donde ir, pero Gilbert lo convenció
para que se fuera con él al castillo de sus maestros, que no estaban de acuerdo
en el hecho de que un Opast de clase general residiera allí, pero accedieron a
regañadientes debido a la insistencia de Gilbert. Los días siguientes los pasó
junto a él. Me contó que al principio la rutina de su entrenamiento era algo
dura y aburrida, pero que desde que Luka estaba con él, todo se había vuelto
más interesante y divertido. Luka solo lo tenía a él, porque los demás seres
del castillo evitaban relacionarse con él, por lo que no tardó en convertirse
en su mejor amigo. E incluso se había ofrecido a enseñarle artes demoniacas que
sus maestros desconocían de ahí que adquiriera la visión demoniaca (ojos rojos)
que le permite ver en la oscuridad con más claridad de la que veía ya al ser el
elegido de la oscuridad. Pero todo eso terminó demasiado pronto puesto que
Umbría y la Tierra sufrieron una colisión y muchos demonios acabaron allí. Por
lo tanto Gilbert tuvo que marcharse antes de tiempo a toda prisa para proteger
la tierra. Me dijo que se sentía culpable de no haberse podido despedir de su
mejor amigo y que temía que pensara que lo había abandonado. Por lo que quería
acabar lo antes posible su misión para así volver a Umbría con Amelia, Erick y
sobre todo con Luka, y a ser posible llevarlo con él a la tierra. Quería
ayudarle en su misión y terminar para que Gilbert se reuniera con su amigo lo
antes posible. Entendía como se sentía. Sabía lo que era estar separada de una
persona preciada para ti con el temor a que este pensara que ya no te
importaba. Había pasado por ello una vez y no había acabado bien. No quería que
Gilbert pasara por lo que yo pasé, así que estaba dispuesta acompañarlo aunque
fuera peligroso. Pese a haberme convertido en una poderosa guerrera Gilbert
tenia metida en su cabezota de que si lo acompañaba saldría lastimada por su
culpa. Tenía que demostrarle lo que valía y solo había una forma de hacerlo. Lo
busqué por todo el castillo hasta que lo encontré en la biblioteca sentado en
un sillón dándome la espalda. El solía ir allí muy a menudo y se ponía a leer
libros sobre umbría, aristocracia demoniaca, vampiros, brujas aladas y esas
cosas. Supongo que para recordar los buenos momentos en Umbría.
-Esto Gilbert… ¿puedo hablar contigo un momento?-
él no respondió tampoco se movió. ¿Estaba ignorándome? Me acerqué a él
molesta por su respuesta.
-¡Venga ya! Has leído esos libros miles de veces así que…- callé al
ver que Gilbert dormía profundamente con una expresión triste en su rostro
abrazando un libro abierto que tenía una foto de un hombre de unos 17 años más
o menos de cabellos negros como la oscuridad misma, parecidos al de Gilbert,
solo que este lo llevaba corto y liso y Gilbert llevaba el pelo corto de punta
hacia arriba. Llevaba unos pantalones negros ajustados y una chaqueta similar a
la de Gil solo que tenía líneas blancas y el diseño y el material parecían
distintos. Esta la llevaba abierta mostrando su torso desnudo definido y de
piel algo pálida sin ser como la de un muerto. Me fije en sus rasgos atractivos
de su rostro pero sobretodo me fijé en
esos ojos carmesí que parecían hipnotizarte. Recuerdo que el poder de los Opast
solo se comparaba con su belleza. Si eso es verdad, este debería ser de los más
poderosos porque estaba… buf que calentón más tonto. Me fijé en el nombre
escrito debajo de la imagen de aquel joven. Ponía: Luka Zesshadow. ¿Ese era el
Opast del que tanto hablaba Gilbert? Joder ahora sí que tenía ganas de ir a
Umbría. Después de ver la imagen de su mejor amigo me fijé en otros dos libros
abiertos en la mesa. Estos tenían cada uno una imagen. La primera era la de un
hombre de pelo blanco y 22 años aproximadamente de piel más pálida que la de
Luka y vestía muy elegante con un traje rojo y negro acompañado de una capa de
cuello puntiagudo roja por dentro y negra por fuera. Sus ojos también eran
rojos pero de un rojo que recordaba demasiado a la sangre. Supuse que se
trataba de Erick cuando vi unos colmillos sobresalir de su boca. La segunda
imagen era la de una mujer de la misma edad aproximadamente, morena de pelo que
le llegaba hasta los tobillos. Tenía los ojos ambarinos más hermosos que había
visto en la vida y llevaba un sencillo vestido negro que resaltaba su hermosa
figura de mujer y a pesar de la sencillez con la que vestía había algo en ella
que inspiraba respeto, amabilidad y majestuosidad. Supuse que sería Amelia, la
reina de las hermosas brujas aladas. No imaginaba que las brujas podían ser tan
hermosas como era ella. Me pregunto si lo de la belleza y el poder se aplica
también a las brujas.
-Hmm… Luka… perdo…name- Gilbert estaba hablando en sueños
mientras una pequeña lágrima asomaba por su ojo. Estaba claro que echaba mucho
de menos a sus amigos y se sentía culpable por abandonar a Luka. Se me partía
el alma al ver tan triste al que siempre te animaba mostrando su más sincera
sonrisa. Definitivamente iba a ayudarlo, “¡y lo voy a hacer!” pensé dándole un
fuerte golpe a la mesa que provocó que se callera el jarrón al suelo y se
rompiera en pedacitos. Mierda.
-¿Eh… que? ¿Claire, que ocurre?- Gilbert se había despertado
sobresaltado por el ruido.
-Nada- respondí avergonzada de mi torpeza- ¿esos son tus amigos?-
-…Sí-
respondió con una expresión apagada.
-No sabía que tu amigo demonio estaba tan bueno-
¿pero qué digo? Claire contrólate. Piensa antes de hablar. Pero Gilbert solo
rió por el piropo que le lancé a la imagen de su amigo.
-Él
es uno de los Opast más poderosos de todos. Normal que este tan “bueno” como tú
dices.-
-Esto Gilbert… quería pedirte un favor.-
-¿De
qué se trata Claire?- dijo mientras ordenaba los libros. Estaba
nerviosa pero decidida.
-¡Lucha contra mí!- grité reuniendo todo mi valor.
-¿Cómo?-
aquello había pillado por sorpresa a Gilbert que me miraba con los ojos muy
abiertos intentando decir algo, pero no le dejé.
-Quiero demostrarte que puedo acompañarte y que no correré
peligro. Que puedo cuidarme sola y que soy lo bastante fuerte como para acabar
con cualquier demonio que se me aparezca. Por eso quiero luchar contigo.-
aunque mi voz sonaba decidida en el fondo me sentía intimidada por él. Gilbert
era un auténtico elegido que había exterminado a miles de Duras a unos pocos
Dark villain e incluso a 2 Opast durante su misión antes de que yo llegara al
castillo. Han ocurrido veces que unos Duras y 3 Dark villain se colaron en el
castillo. Yo tardé mucho en cargarme a todos los Duras pero Gilbert fue capaz
de matar a los tres Dark villain a la vez sin salir dañado y sin esforzarse, ni
tan siquiera sin sentir piedad respecto a los cuerpos humanos que habían
poseído los Dark villain. Gilbert me enseñó como arrebatarle el alma de un Dark
villain en un cuerpo humano. Podías o hacer un hechizo bastante complicado,
matarlo o expulsar la sangre contaminada por el demonio considerando que aun
quede sangre pura, pero que en ese método no era seguro que el humano siguiera
con vida. Yo una vez intente hacerlo con un Dark villain que Gilbert había
debilitado para que no corriera peligro, y tuve la suerte de que me saliera
bien, pero luego me enteré de que la persona que había salvado había estado
hospitalizada por las heridas que le infringí y que casi muere por ellas. Nunca
me había atrevido a ver a Gilbert matar, siempre me decía que cerrara los ojos,
que no era agradable, pero aun con los ojos cerrados yo sentía una oscuridad
con cierto rastro de maldad que hacía que me estremeciera. Por esa razón no
estaba segura de si podía vencerlo en combate.
-De
acuerdo, tu lo has querido- dijo con una sonrisa siniestra
rodeando toda la biblioteca de oscuridad para luego aparecer en la sala de entrenamiento.
-Sabes
las reglas ¿no? El primero en perder la barrera pierde.- la
barrera protectora era un don que tenían todos los seres que podían usar la
magia. Era como un velo que se conectaba a tu maná (tu energía mágica) que te
protegía de los ataques de otros. Por ejemplo si me lanzaban un cuchillo normal
y se me clavara al corazón al sacarlo no habría ni herida ni sangre, como si
nunca hubiera existido tal cuchillo. Sin embargo la magia y las armas mágicas
debilitan la barrera al igual que tus fuerzas y si por algún casual recibes un
ataque de un nivel superior a tu poder la barrera solo podría reducir los daños
haciendo por ejemplo que una quemadura que debería haberte abrasado el brazo
solo te hiciera una pequeña marca. Era como en un videojuego, si la barra de
vida llegaba al mínimo cualquier ataque podía matarte.
Solo tenía que romper su barrera.
Parecía fácil pero sabía que no lo era. Gilbert era 100 veces más poderoso que
yo, y aunque sé que me lo pondría fácil, para mí iba a ser difícil. Gilbert se
cambió de ropa rodeándose de cuervos como siempre lo hacía y yo hice lo mismo
rodeándome con un tornado y luciendo mi traje superguay de superheroina. Yo
invoqué mis lanzas. Tenía una encada mano y otras 6 flotando a mi servicio.
Ahora las controlaba a la perfección como si fueran parte de mi cuerpo, podía
derrotarlo, creía… Gilbert por otro lado no sacó su espada, sino que permaneció
quieto observándome esperando mi siguiente acción. Sin pensármelo dos veces
levité 2 cm por encima del suelo para moverme más rápido y me lancé contra él
apuntando mis lanzas contra su pecho. Él seguía observándome atentamente sin
moverse. A medio metro de él extendí mis lanzas para clavárselas en el pecho.
Era imposible que a tan poca distancia esquivara mi letal ataque. Así que
terminé el ataque cerrando los ojos y clavando las lanzas en su pecho. ¡Ha sido
fácil! Pensé victoriosa pero al abrir los ojos Gilbert ya no estaba y mis
lanzas estaban intactas, no habían tocado nada. Y en lugar de Gilbert, había
una bandada de cuervos de ojos rojos volando y formando un remolino donde
estaba yo antes. Cuando ese remolino desapareció allí estaba él, mirándome con
esos terroríficos ojos rojos y una siniestra sonrisa en sus labios.
-Vamos,
Claire ¿de verdad pensabas que sería tan fácil?-
dijo soltando una carcajada siniestra. Ya decía yo. Vamos Claire, estamos
hablando del mismísimo Gilbert Nightshade. Todos los demonios conocen y temen
su nombre. Se me pasó por la cabeza la idea de que las mamas demonios les
cantara por las noches a sus hijos que sin no se duermen, vendrá Gilbert y lo
matará. No pude reprimir una sonrisa. ¡Claire céntrate! Me decía a mí misma. Me
centré en él y volví a atacar esta vez más deprisa, y ante mis ojos vi como lo
esquivaba convirtiéndose en una bandada de cuervos de nuevo que por cierto
empezaron a picarme y a tirarme del pelo mientras escuchaba la risita siniestra
de Gilbert en mi mente antes de volver a su forma original. Eso me puso
furiosa. Estuve en medio de ese jueguecito alrededor de 10 minutos hasta que me
agaché algo cansada y despeinada mientras Gilbert parecía divertirle todo esto.
-Claire,
deja eso ya y cambia de táctica. No ves que la que empleas no funciona contra
tu adversario. Así solo te cansarás inútilmente.-
dijo Gilbert al verme respirar agitadamente.
Tenía razón. Tenía que cambiar mi
estrategia de combate. Y si atacando con mis lanzas no puedo superar su técnica
de evasión pues probaré con la magia. Empecé a lanzarle tornados a diestro y
siniestro, todos a la vez, a ver si podías evitar eso. Era una idea brillante,
si se transformaba en cuervos entonces los tornados alcanzaría a la bandada y
recibiría de lleno mis ataques. Pero tampoco funcionó porque Gilbert no decidió
transformarse en cuervos, sino que creó una esfera negra en sus manos que se
extendió encerrando mis tornados en ella deteniéndolos y haciendo que
desaparecieran en el suelo. Conocía esa técnica. Era “temporal gravicity” o
gravedad temporal. Una combinación del elemento del tiempo y la gravedad que
consistía en detener el tiempo del adversario para luego después someterlo a
una gravedad intensa contra el suelo por un tiempo. Él dominaba los demás
elementos a un menor nivel al que puede alcanzar alguien que domina solo un
elemento pero aun así el nivel era bastante avanzado al ser el “maestro”
(aclaración: él domina la oscuridad a un 100% pero los demás menos su opuesto,
la luz, no podía pasar del 80%) por lo tanto podía combinar varios elementos él
solo en una técnica. Le había visto utilizarla contra un Dark villain pero no
sabía que se podía usar a modo defensivo. Esto va ser más difícil de lo que
imaginaba. Mis demás hechizos acabaron en desastre. El “huracán” lo rechazó con
otro “huracán oscuro” (aclaración: mi dominio sombre el viento es superior al
de Gilbert pero si combina su elemento con el suyo su técnica puede volverse
superior a la mía aunque sea la misma) y mis “vientos cortantes” los rechazó
con sus “cortes oscuros”, que por cierto, casi me dan. Pues estamos bien. Si ataco con mis lanzas se
convierte en cuervos, pero si ataco con magia en vez de cuervos lo que hace es
rechazarlo con magia. Espera… ¡ya se!
Extendí mis brazos e invoqué fuertes
corrientes de larga duración sobre nuestras cabezas. Al parecer Gilbert miraba
arriba interesado intentando comprender por qué había hecho eso. ¡Era mi
oportunidad! Aprovechando su distracción fui directa hacia él para atacarlo con
mis lanzas, pero Gilbert fue más rápido y en el último segundo logró evitar mi
ataque convirtiéndose en cuervos de nuevo.
-
Muy astuta Claire. Usar un distracción para atacarme… por poco lo logras. Una
lástima- me dijo telepáticamente aun siendo una bandada de cuervos.
-Si- dije con una
sonrisa pícara-lástima
para ti- extendí los brazos en dirección al cielo ordenando a las
ráfagas de aire que se fortalecieran.
-(mentalmente)
¿Pero qué…? Uaaaaahhh- miles de remolinos atrapaban a los cuervos
de los que se había convertido Gilbert, dificultando su vuelo, dejándoles a
merced de las corrientes aire que los agrupaban en un punto obligándolo a
adoptar su forma humana. Una vez humano intentaba salir de allí pero solo podía
flotar sin moverse alrededor de esa tormenta que había creado especialmente
para él.
-Has caído en mi trampa. ¡Ahora verás!- dije lanzando todas mis lanzas en un gran
tornado haciéndolas girar alrededor de él en un torbellino de lanzas afiladas
que dañaban repetidamente su barrera, debilitándola cada vez más. Gilbert gemía
levemente de dolor al verse envuelto en tal situación cuyas lanzas empezaban a
causarle cortes superficiales en su cuerpo. Pero segundos después sus ojos
rojos brillaron con rabia y de un movimiento liberó una onda de energía oscura
tan poderosa que hizo desaparecer todos los vientos y mis lanzas además de que
la onda de choque me empujó hasta la pared de golpe. Me levanté y las lanzas
volvieron a mí. Gilbert cayó al suelo arrodillado jadeando. Desde donde estaba
podía ver que sus ropas estaban ligeramente dañadas y que un hilo de sangre
descendía de su mejilla. Había atravesado su barrera durante un segundo antes
de que se regenerara. Pero todavía no la había destruido aun. Esto aun no había
acabado.
-je…je,
jejejeje… AJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA- aquella siniestra carcajada daba
miedo de verdad- enhorabuena Claire, en
verdad estoy impresionado ante el nivel de tu combinación. No esperaba que
llegaras a tocarme.- un momento ¿Gilbert me estaba felicitando? ¿De verdad?
Estaba muy feliz. Eso significaba que podía vencerle.
-Creo
que ya basta de jueguecitos- dijo levantándose con una siniestra
sonrisa que me hizo poner en guardia-Pongámonos
serios- Gilbert se limpió la sangre de la cara e invocó su espada negra.
Ahora intentará atacarme, debo estar preparada. Con una velocidad impresionante
se lanzó hacia mí para atacarme con su espada, pero reaccioné a tiempo y logré
bloquearlo con mis lanzas. Empezamos un duelo de armas. Yo con mis 8 lanzas
bloqueando sus letales estocadas. Pese a solo tener un arma y yo 8 tenía
dificultades para bloquear. Algunas veces su hoja negra pasaba muy cerca de mi
piel sintiendo la oscuridad pura que emanaba. Cometí el error de intentar
atacar en cuanto vi la oportunidad, ya que él bloqueó mi ataque y con una finta
seguida de un tajo certero, me cortó el cuello. Sentí que mi energía se
desvanecía cuando su hoja oscura me tocó. De no ser por la barrera sin duda me
habría degollado, pero la cosa no terminó ahí. Después de aquel ataque, su
espada desapareció dejando su mano libre formando en ella una esfera de rayos
negros que salió disparada a mi pecho cuando abrió la mano. El impacto de la
“bola oscura” me lanzó disparada contra la pared. Aquella esfera fue
definitiva. Gilbert había destruido mi barrera por completo con solo dos
ataques. Había perdido. Así que ya no podía acompañarlo en su misión. Me sentía
tan impotente…
-Coge
tus cosas Claire, porque vas a volver a la tierra conmigo y me vas a ayudar en
nuestra misión.- dijo tendiéndome la mano para que me
levantara.
-¿Qué? pero si he perdido.-
-En
realidad jamás pensé que fueras a vencerme, tan solo quería ver de lo que eres
capaz. Y la verdad es que aquella combinación no me la esperaba en absoluto.
Estas más que preparada. Claire, Lancera Tormentosa-
dijo con una sonrisa. Aquel mote me gustaba. No podía estar más feliz. Al final
volvería a la tierra para aniquilar a todos esos demonios y encontrar a los
demás elegidos. Ahora tenía una misión que cumplir.
Me desperté en mi cama vestida en
pijama, el mismo pijama que llevaba antes del incidente con Jack y los Duras.
Todo parecía normal. Demasiado normal.
-¿Todo había sido un sueño?- pregunté en voz
alta esperando a que alguien me respondiera. Pero solo había silencio. Todo
había sido un sueño. Me derrumbé en la cama. Estaba tan decepcionada… todo
había sido tan real… estaba tan feliz de la misión que tenía que cumplir… No
quería haberme despertado de aquel maravilloso sueño. Me volví a tapar con la
manta para llorar en silencio.
-Deja
de hacer el vago, tenemos trabajo que hacer.- dijo una voz
masculina a mi lado. Me levanté de un salto para ver quien había hablado.
Gilbert me miraba aburrido mientras jugueteaba con un fuego fatuo entre sus
manos. ¡Había sido real! Estaba tan feliz que lo abracé con fuerza, cosa que
sorprendió bastante a Gilbert que me miraba con cara de preocupación. Sobre
todo porque el fuego fatuo estaba… ¡ENCENDIDO!
-Uaaaaaaahhhhh- grité tan fuerte que debió de oírme
todo el barrio. Empecé a correr como una loca mientras gritaba y corría
intentando apagar el fuego que se había prendido en mi ropa. Pero no hizo falta
porque Gilbert de un hechizo me lanzó una cascada de agua dejándome empapada en
un segundo. Mi ropa ahora estaba chopada. Me giré mirando a Gilbert con una
mirada asesina. Él me miraba algo asustado pero al mismo tiempo aguantando la
risa. Empecé a perseguirlo por toda la casa con Gilbert riendo mientras le
gritaba cosas tipo: ven aquí, no te escaparás, en cuanto te pille…
Unas figuras encapuchadas observaban
la ciudad con una sonrisa siniestra en sus labios.
-Parece que han vuelto.
Por fin empezaba a aburrirme de matar débiles humanos.- dijo uno
-Ahora tenemos otro
elegido más para destruir su alma- añadió el otro con una voz más
grave.
-Esta vez no
escaparán- dijo una voz femenina encapuchada.
-Solo hay un problema:
él. Ya sabíamos que había hecho sus movimientos, pero no que empezara a
entrenar a sus elegidos-
-No será fácil matarlos
si él les protege. Su poder supera el de todos nosotros juntos.-
-Descuida tengo una
sorpresa preparada para él. Primero nos ocuparemos de aquel que los protege con
tanto ímpetu, y ya nos ocuparemos de matar a los demás elegidos.-
-¿Tú? Abre los ojos Ashley, ese tipo ha matado a más de tres de los
nuestros, a casi la mitad de nuestros Duras e incluso a un Opast, por no hablar
de que se llevó con él a nuestro príncipe.-
-Ya verás. Esto será divertido. Mi querido Gilbert.- dijo Ashley mientras sujetaba un espejo negro que
reflejaba a una joven de 16 años morena sujetando unas cadenas plateadas. –Ella se ocupará de matarte, y tú no
podrás hacer nada.-